Tiempo

¿Qué es el tiempo? Granitos de arena cayendo en un reloj de cristal. El espacio vacío entre dos latidos. El cordón que engarza los recuerdos. El espacio que une y separa inhalación de expiración, o lo que es lo mismo, el trayecto entre la llegada y la partida.

¿Cuánto tiempo tiene este niño? Los niños no tiene tiempo, solo vida.

¿Cuánto tiempo me queda doctor? Toda una vida.

¿Una vida cuánto tiempo es? Depende de si le tienes miedo a vivirla o no.

Tiempo es todo lo que somos dicen algunos, yo lo dudo, somos lo opuesto: pasión. La pasión pertenece al corazón, consume los días, y las horas, pletóricos de vida, frutos recién cogidos del árbol de la vida. El tiempo es el amo de los cuerpos, el contable de lo que hemos gastado y lo que supuestamente nos queda. La vida se llena de temores. ¿ Y si?

El océano es un espectáculo majestuoso, magnífico, inmenso, comparable a la vastedad del tiempo, hay personas que solo lo observan o meten el pie dentro, otros en cambio saltan sobre las olas y se sumergen de cabeza en él.

Catch your breath in your sleep now
Don’t whisper it’s too loud
Live every beat per moment

So hard, when it’s, so far, and you’re lost; divided
Then the hands break
Are you scared now?
Don’t be scared now, there’s still time

It’s not hard when it’s not far, you’re not lost
You’ll find it

Thousands and thousands of miles and your steps won’t die
Home is so very far
But you’re walking and walking and walking with your head held high
Yeah, time is all we are

(Time de Hans Zimmer)

NÁYADE/Primera parte/De Quirico Molina by Scarlet Cabrera

Gracias Scarlet. Un agradecimiento por parte de la infancia mágica de la que venimos y que todavía es posible encontrar en muchas miradas, en esos ojos donde la ilusión no ha dejado de brillar nunca, en esas pupilas donde se reflejan los sueños que todos deseamos alcanzar. Y ese niño que habita dentro se ha sonrojado ante lo que has escrito sobre él. La infancia no tiene edad, no es cuestión de años, es simplemente un don, un estado de gracia que en ocasiones puede durar varias décadas, y en otras no se pierde nunca. «Soy un espíritu joven», dicen algun@s, y así es, y es bueno compartir y contagiar ese sentir que (metafóricamente) nos hace inmortales, porque el cuerpo y sus atributos pertenecen al tiempo, pero el corazón, al igual que los mitos y las leyendas no tienen edad, perduran eternamente.

MasticadoresMéxico // Editora: Scarlet Cabrera

“Era tanta la bondad vertida, tanto lo que había hecho, que incluso los que la criticaron lamentaron la ausencia de aquella imagen solitaria y amable.»

Q.M.

Una niña que está atravesando el umbral de la adolescencia, insatisfecha con las explicaciones que recibe sobre la leyenda de una anciana, «la Vieja del Lago», trata de descubrir su origen. Inmersa en la búsqueda, encuentra un mundo sorprendente donde pasado y presente se confunden.

Q.M.

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Cuando tenía trece años, conocí a Alisa. A mis padres no les gustó nada que me relacionase con ella, porque, a su parecer, vestía como una indigente, su aspecto no era de fiar, pero sobre todo, porque pensaban que tenía ideas un poco raras.

Era la vieja del lago; claro que por aquel entonces, yo no lo sabía.

Náyade. Q.M.

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Así comienza «Náyade», un libro que me ha…

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Hojas muertas By Quirico Molina

Comparto con vosotros otro trabajo publicado hoy, día de la carambola 🙂 Gracias Juan Re Crivello, por la confianza que me concedes al editarme en Masticadores.

Masticadores

(Blog de Q M)

El silencio contiene todas las palabras, latentes, no pronunciadas, aunque ahora ya es demasiado tarde. La nieve de invierno cae sobre mis ramas desnudas y me convierte en un candelabro de plata con los brazos alzados. Y me repito la pregunta: «¿Por qué?»

Atrás quedaron los días del verano, el esplendor verde de las hojas convertidas en un mar de jade, dejando entrever los dorados frutos, maduros y dulces, esperándote. Nadie los cosechó y acabaron cayendo, cruel presagio del devenir…siguieron las hojas.

El follaje, susurraba tu nombre al viento, apelando a tu cordura, fermentando los rayos del sol en todas las variedades cromáticas del fuego. Un árbol ardiente que se iba apagando con cada hoja que se desprendía, con cada recuerdo que se decoloraba, con cada mentira, excusa y falso arrepentimiento. En el suelo se fundieron en una sombra uniforme, sin matices, gris: el olvido.

El…

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MATILDA – III/Final by Quirico Molina

Desenlace del relato: Matilda.
Espero que disfrutéis con su lectura, tanto como yo lo hice cuando lo escribía.

MasticadoresMéxico // Editora: Scarlet Cabrera

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La revelación que recibe actúa como el picotazo que da el pollito desde el interior de la cáscara para salir a la vida. Se abre un boquete en el muro que derriba invisibles bloques de temores, el pasado se desmorona convertido en ruinas y polvo. Donde antes estaba la barrera se inicia un camino arenoso que se pierde en la lejanía, en el pueden verse las huellas diminutas de unos pies descalzos caminando hacia el devenir.

Matilda está rebosante de dicha, se siente esférica, etérea, con la sensación de flotar, de elevarse hacia un cielo azul repleto de estrellas «¿cómo puede ser si es de día, si estoy viendo el sol?» en el que una luna de obsidiana brilla atrayéndola. Le parece oír que la llaman y desde otro punto, alejándose, escucha una vocecilla.

—Me gusta el nombre de Lucía… y el de Ángel —oye…

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MATILDA – II by Quirico Molina

Segunda entrega de Matilda, cada vez más expectación. En un par de días se publicará la parte final. No te la pierdas.

MasticadoresMéxico // Editora: Scarlet Cabrera

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Las escaleras mecánicas la extraen del subsuelo, se siente renacer tras el viaje por la lobreguez del metro y los túneles de la memoria. Allí, en la misma placeta se encuentra su cita. Es una tienda de minerales ‘Shangri-La’, con el escaparate convertido en un mosaico de carteles esotéricos, cursos de yoga y masajes. Colgantes con piedras pulidas, turquesas, ópalos, ágatas, malaquitas…cuelgan del cristal y ocupan el escaso hueco que dejan libre los pasquines impidiendo ver el interior. Empuja la puerta, se oye una campanilla, y penetra en el interior.

Una señora anciana sale de la trastienda apartando una cortina. Con lentes metálicas y cabello gris platino. Por la perfección de los rizos, y el olor de laca, sabe que hace un par de horas tenía los rulos puestos. Es una abuelita en toda regla, excepto por el parche negro que le cubre…

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MATILDA – I by Quirico Molina

Mi humilde colaboración en Masticadores México. Un cuento entrañable con el que disfruté mucho mientras lo escribía.

MasticadoresMéxico // Editora: Scarlet Cabrera

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—Cincuenta euros es el coste de una consulta —le dice la pitonisa.

—Vale, me paso al salir del trabajo —confirma Matilda. Anota la dirección y cuelga el teléfono.

Piensa que siempre le saldrá más barata una tirada de cartas que una visita a la clínica de fecundación asistida. Ya no se la puede permitir más veces, en la segunda ocasión los óvulos fecundados se desprendieron del útero y no llegaron a desarrollarse.

«La banca no va más» es el mensaje subliminal que su mente emite convertida en un letrero intermitente de neón, de color fucsia. Los números rojos se han instalado en su vida y la rodean como enemigos asediando un castillo, la matarán de hambre o peor aún la harán arrojarse desde las murallas.

Gustavo, su exmarido, no era mal tipo, trabajador, buena persona, respetuoso. La pasión no era un componente…

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Sin forma

Aún no teniendo forma me reconozco como mí mismo, no necesito mirarme en el espejo, me devolvería la ausencia de lo invisible pero no la evidencia de mi presencia. Con los ojos cerrados es como no tener sentido de la vista, el mundo desaparece, se apagan las imágenes pero yo sigo aquí, simplemente soy, existo en este instante, es la única realidad auto-evidente y experimentable por sí misma. No necesito de nadie que lo confirme, así como nadie puede sustituirme, soy mi propia certeza.

Cuando entras en una estancia vacía, habitualmente se suele pensar “no hay nadie”, pero para poder afirmar eso, para tener esa certeza yo debo estar presente en el lugar para constatarlo. Cuando yo digo “no hay nadie”, quizá pase por alto un hecho importantísimo, el olvido de mí mismo,  soy existencia y conciencia de manera simultánea, indivisible, previa a la aparición de la forma.

Si la estancia no está, no se puede hablar de vacía o llena.

Si el veedor no está, no se puede verificar vacía o llena.

Si el acto de ver no está. No hay veedor, ni estancia, ni vacía, ni llena.

Es lo mismo que ocurre cuando un transportista trae un paquete, el receptor del envío debe estar previamente allí para recogerlo. Mientras no llega,  la forma está ausente, no manifestada, no hay objeto,  al no haber objeto eso implica que el receptor también es no-real. La realidad se manifiesta de manera simultánea, deviene una, cuando paquete y destinatario se juntan,  y confiere vida a todo.

Nos entregan nuestro nacimiento, un paquete que contiene una forma, un cuerpo con unas características…para poderlo recibir, ya estábamos antes, “esperando”,  aunque no éramos conscientes de ello. Es  la  aparición del cuerpo lo que permite la manifestación de la conciencia y de la existencia, y por consiguiente del mundo, el lugar donde lo inmanifestado toma forma. Le damos al interruptor de la luz, la bombilla (el cuerpo) se enciende, e ilumina la estancia(el mundo), al ser atravesada por la corriente(conciencia-existencia). Todo surge de forma simultánea. Cuando la bombilla se consume vuelve la oscuridad, no hay nadie, pero ello no afecta a la corriente, sigue estando, ahora no manifestada.

No necesitamos tener ojos para tener conciencia de nosotros mismos, si los cerramos unos instantes aparece una negritud vibrante, una especie de atmósfera acogedora. Si buscamos  el camino por donde yo salgo de mí y penetro en esa oscuridad no lo encontramos por mucho que busquemos. Es una imposibilidad,  porque no hemos salido en ningún momento de nosotros  mismos. Estamos aquí, quietos, inmóviles, el eje del mundo, somos menos que un punto y al mismo tiempo la infinitud ilimitada. Si tratamos de sentir donde empezamos como individuos separados, un lugar de partida, un punto de apoyo….no encontramos nada, no nos podemos definir ni localizar, somos presencia, el espacio infinito interior, flexible, extensible, sin horizontes, sin salida, sin meta, sin centro, sin extremos ¿Dónde empieza nuestro ser? ¿Desde qué punto o lugar nos sentimos ser? ¿Cuántos somos en ese lugar? ¿Muchos o pocos? Dime. Solo tú eres, no hay nadie más.

 Ocurre igual  en el sueño onírico, mientras el cuerpo reposa, con los ojos cerrados, vemos lugares, paisajes, personas conocidas, personas que nos dejaron, seres irreales, animales exóticos, volamos, nadamos en océanos tumultuosos…Se realizan muchas acciones con los sentidos desconectados, pero no hay quien las realice, no hay un hacedor, solo un acontecer. ¿Para quién esa función de cine sueño?  Para ti, sesión privada, película de estreno, emana de ti, se abre el mundo ante tus ojos y te ves allí realizando acciones y proezas increíbles. Luego la sesión acaba, se cierra el telón…y aparentemente despiertas en lo que llamas el mundo real, la vigilia….queda una reminiscencia del sueño, recuerdos deshilachándose como humo, hechos de finas telarañas…

«…qué sueño tan bonito, cómo me gustaría continuarlo cuando llegue la noche, era muy  rico, tenía una mujer preciosa, unos hijos adorables, no los que tengo en la realidad, y hacíamos un crucero por el Nilo, contemplando el atardecer sobre las aguas con una bebida fresca en la mano….esta noche trataré de continuar el mismo sueño».

Llega la noche esperada, después de una jornada agotadora y llena de conflictos, se abandona el cuerpo en el lecho y sí…Te regocijas, porque curiosamente el sueño prosigue en un barco…

pero no en el mismo, está en algún lugar del norte, el mar agitado transporta grandes moles de hielo que rozan el casco…no te gusta el lugar, abandonas la cubierta y buscas a los demás pasajeros, pero duermen. Una vía de agua se ha abierto en algún lugar y pronto el líquido te llega hasta las rodillas y sigue subiendo, gritas llamando a los viajeros, a la tripulación, para que despierten y se pongan a salvo, pero no obtienes respuesta. Sientes elevarse el suelo, el barco cabalga una ola gigante, tu cuerpo va de un lado para otro sin control, notas un  golpe en un hombro, gritas de dolor y de miedo…

estás sudando y despierto…te has caído de la cama, estabas soñando. Respiras aliviado, no te preocupan los pasajeros en el barco a la deriva, su supervivencia, sabes que ha sido un sueño, no era real…lo sabes justo ahora que estás despierto. No lo planificaste, ni decidiste que las cosas fueran como sucedieron, acontecieron simplemente, para ti, en ti, nadie en el sueño era real ¿y tú, lo eras? ¿ lo eres más, ahora?

 Me contemplo y sin embargo no tengo ojos, ni nombre, ni dimensiones, ni limites, ni lugar donde ir, ni de donde venir…siempre estoy aquí, soy el aliento,  más sutil que el aire que atraviesa los pulmones de lo que se llama “mi cuerpo”, y los cuerpos de cientos, de miles, en todos penetro con un breve suspiro y me voy con un susurro, soy infinitesimal, más pequeño que un átomo, también me llaman big bang, o eternidad o infinito…todas ellas palabras grandilocuentes para nombrar un espejismo. 

DIBUJANDO CORAZONES EN LA NIEVE   by Q. Molina

En Masticadores, sin fronteras, dejando la vida libre.

Masticadores

Su esposo, Yoshimo, falleció durante el invierno, ya no podrá contemplar las flores de los cerezos que tanto amaba. Fue él quien cavó los agujeros y los plantó, mucho antes de la gran guerra, uno por cada hijo, tres en total. Cómo la última en nacer fue Aiko, eligieron un cerezo de flor rosada, a diferencia de los otros dos, blancos. Decía Yoshimo que el color rosa de los pétalos era debido a la tragedia, las flores en su origen eran níveas, pero tras los sangrientos episodios de guerras del pasado, en los que innumerables samuráis perdieron la vida, sus viudas no soportando la perdida, y ante un futuro sombrío e incierto, realizaban el ritual de seppuku, entregando su vida a los pies de los honorables árboles. Y ellos transmutaban el dolor, la sangre y las lágrimas, en pétalos rosáceos de delicada y efímera belleza.

Los dos hijos varones…

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Uróboros, el ciclo eterno

Poesía y música, bálsamos del alma.

«Hemos estado vagando toda la noche

y parte de este día

Ahora de regreso una vez más

Traemos una alegre guirnalda

Quien bajará a esa sombría arboleda

Y convocará allí a las sombras

Y atará una cinta en aquellas brazos protectores

En la primavera del año».

Loreena McKennitt – The Mummers Dance

El calvero de los últimos antiguos

Un gran calvero esférico, con el suelo oscuro como la sangre seca, señala el emplazamiento donde una vez hubo un poblado, algunos líquenes amarillentos son la única forma de vida que intenta medrar en aquella tierra. El círculo yermo lo cruza un pequeño sendero polvoriento utilizado como ruta de paso por los animales salvajes, distingue las huellas de jabalíes, conejos y zorros, le llama la atención la ausencia de pisadas fuera del sendero, la tierra granate no la pisa ningún ser vivo. Dandelion sigue la misma ruta y camina siguiendo las huellas que desembocan al pie del bosque. Dos troncos verticales, semiocultos por las enredaderas, del grosor de un  cuerpo adulto señalan la entrada, la madera es oscura y rezuma agua continuamente formando charcos en la base. Unos filamentos oscuros, asemejan a un tipo de musgo, pueblan la corteza mojada, tira de un hilo y se desprende, lo ha visto otras veces, es un pelo con su raíz. Descubre horrorizado que la corteza del árbol es  piel muerta.

Se oyen gruñidos provenientes de la profundidad del bosque, rumor de crujidos de ramas doblándose. Hojas sacudiéndose con furia.

—¡Quéreis callaros! —grita una voz infantil.

De la espesura salen dos brazos que apartan la densa vegetación, como si nadasen a través de ella. Le sigue una cara pecosa y pelirroja con ojos verdes como la hoja del abedul. Lleva el pelo recogido en una cola y atado atrás con una fina tira de cuero.

—¿Qué miras? ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres? —le pregunta, mirándolo con desconfianza y curiosidad.

—¿Eres una niña o un demonio? Así con la cara sucia y negra no te distingo bien. Es la primera vez que me encuentro a  una sola por el bosque. Es peligroso.

—¡Qué voy a ser! Y con un gesto espontáneo y rápido se sube y baja el borde de la faldita de cuero y le muestra lo que hay debajo— ¿Lo has visto bien?….porque no te lo voy a volver a enseñar. Contesta mis preguntas, ahora ¿Quién eres?

—Me llamo Dandelion…—comienza su explicación, ruborizado.

—Más bien deberías llamarte Pissenlit * —le contesta y se ríe a carcajadas.

El joven baja la cabeza, serio, ignora las risas y continúa su historia. Le cuenta lo ocurrido a su madre, lo que pasa en Abisal y la cercanía de los leñadores.

La niña escucha con el semblante serio y le responde:

—Siento lo de tu madre. No debería haberme reído de ti. Yo soy Menta, por el color de mis ojos. Sí, teníamos noticias de que se acercaban los leñadores y vendrán muchos más. Ha comenzado una gran guerra y se necesita madera para alimentar las forjas, y los ejércitos, construir máquinas de asedio y  embarcaciones. La Santapía se ha comprometido en suministrar toda la necesaria a los ejércitos del  Rey y no pararán hasta haber talado y  devastado toda la región. Deberemos actuar.

—¿Quién? No veo a nadie más. ¿Están dentro del bosque los demás?

—¿Quién va a ser? Nosotros dos y el bosque. No hay nadie más. Enséñame los huesos que recogiste de tu madre.

Menta los examina, huele y finalmente chupa el extremo de uno.

—Sí, era una de los nuestros, la he reconocido, no sabía que hubiese tenido un hijo. Ven, buscaremos un lugar donde sembrarlos.

—¿Sembrarlos? querrás decir enterrarlos.

—No, no, sembrarlos, has oído bien. Sígueme.

Menta se acerca a los pilares, pasa por una apertura en el muro vegetal entre ramas resecas y puntiagudas como lanzas y arbustos espinosos con espinas semejantes a garras. Penetran en un túnel arbóreo que la luz nunca ha visitado. El suelo está lleno de hojas muertas, mojadas, pútridas, entre las cuales pululan insectos de pesadilla y arañas monstruosas, restos de caparazones, crisálidas vacías, tierra negra, resbaladiza y maloliente. Cientos de telarañas penden de los árboles como nubes caídas, cortinajes rotos y pegajosos con restos de mariposas, pájaros y murciélagos convertidos en siniestros trofeos. Se oye un riachuelo correr, se desvían e introducen en el agua limpia y fresca, siguen su curso chapoteando aliviados,  y un punto de luz se percibe entre las altas copas, y luego  otro y otro, y los claros son cada vez más amplios y dejan pasar más luminosidad, los rayos oblicuos del sol convertidos en lanzas candentes, ígneas, atraviesan las copas y se posan en ellas creando la sensación de una cobertura de polvo de oro. El cielo se deja ver y bajo el mismo aparece un claro verde, inmenso, cubierto de diminutos nomeolvides con sus pequeños pétalos azules y el ojo amarillo en el centro, creando un tapiz, una galaxia de estrellas azules y soles  amarillos, que se extiende hasta donde alcanza la vista.

Pequeños círculos de piedra sin apenas altura y de una zancada de diámetro,  y menhires de no  más de un metro de alto parecen crecer entre las florecillas, como extrañas plantas petrificadas. Hay centenares, miles. Avanzando entre las piedras Menta se detiene en un lugar que le parece adecuado y con una azadilla comienza a cavar sin profundizar mucho.

—Aquí, Dandelion, trae los huesos.

El joven le acerca los dos huesecillos. Menta los coloca con delicadeza en el suelo y los cubre con tierra, al lado coloca la piedra que faltaba para completar aquel círculo. Y le explica:

—Los huesos nunca mueren, al igual que las estrellas, los minerales que los componen continúan actuando como mensajeros del espíritu que partió, en contacto con el clan. Pero, hay otro proceso, la parte orgánica del hueso se convierte en vegetal, nutrirá a los hombres después de haberlos amado a través de la fertilidad en las cosechas. Carne y hueso se convierten en madera al morir. Los troncos de los árboles traen las voces de los huesos que viven entre las rocas de la tierra, las ramas y las hojas transforman  las voces en flores y semillas que transporta el viento, las aves y los insectos. Cada vez que te detienes a contemplar la belleza de una flor, o disfrutas de la sutileza del perfume de sus pétalos,  alguien te está diciendo «te quiero».

—Entonces, Menta ¿Cada piedra señala el lugar donde hay enterrados huesos? ¿Cómo sabes esas cosas? Eres más pequeña que yo.

—Sí, cada piedra indica el lugar del mensajero, el lugar donde se pasa de una forma de vida a otra. Y no te equivoques conmigo, cómo pudiste ver —y se señala con el dedo la entrepierna—ya hace tiempo que tengo pelo ahí. Soy más bajita que tú, pero mucho más vieja, quizás la persona más vieja que conozcas. Bueno, tampoco soy una persona, ¡qué lío! hace tanto tiempo que no hablo con nadie que me estoy olvidando de usar las palabras. Soy una especie de espíritu del bosque, eso que llamáis «duende», para que me entiendas.

—Los duendes solo existen en los cuentos para niños pequeños.

—Gran error, así hablan los adultos que han perdido el contacto con la tierra y los árboles. Hay muchas formas de existencia, más de las que la gente sospecha, no solo en la vida vegetal y animal, sino en muchas otras formas no manifestadas, que son solo mente y energía. Son el origen de las leyendas, espíritus del bosque e incluso monstruos que algunas personas sensibles ven, aunque no crean en lo que ven. Excepto los niños.

El bosque de los sueños – Susan Mielke

Notas: *Juego de palabras con otra denominación popular francesa que recibe el diente de león, «pissenlit» “mea camas”. Se utiliza como amenaza para que los niños no arranquen las flores y se manchen con el látex de los tallos.

(Fragmento de Dandelion)

Las tres ilustraciones utilizadas en esta entrada: Susan Mielke, para Pixabay.