Sound

«…Haz todo lo que temes

en esto hay poder

el poder no es para tener miedo…

…Ven, sumérgete
Deja tus huesos, deja tu piel
Deja tu pasado, deja tu oficio
Deja tu corazón sufriente…»

James, en estado puro. Uno de sus temas más seductores y poéticos, con un ritmo creciente que invita a dejarse transportar por la música. ¡Buen viaje!

«Existen otros mundos, pero están en este».

La palabra trance proviene del latín transīre: transitar, transportarse, cruzar, pasar por encima, y los múltiples significados de su parónimo «entrada» (relacionado con umbral, conducto, portal y canal).

(Fuente: wikipedia)

Kimono gatuno

Esta imagen es la parte posterior de un kimono, desde la nuca al tobillo. No es el diseño tradicional, este es atrevido y a la vez simpático. Según me comentaron, hace ya unos años, era de unos diseñadores españoles. No sé nada más. Hoy surgieron unas líneas, estilo haiku.

Siesta perdida

Ikki corre tras el gato

Maullando los dos

Noche de estío

Feliz juega el gato

Placer y dolor

Puerta abierta

Gato curioso rasca

Juguete nuevo

Imágenes gato Maneki Neko: Foto de Miguel Á. Padriñán: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-la-figura-maneki-neko-932263/

Aishiteru

From pexels by eva elijas-6372804

Caía la nieve, Aiko, recuerdo tus palabras:

«Dime que me amas, una vez más, antes de irme».

Dibujé corazones en la nieve con tu nombre dentro,

en el jardín, en todos los campos y caminos de Nagano.

 En la primavera,  el rumor de los arroyos susurraba: «Aishiteru»

Las flores en el jardín y en los campos decían: «Aishiteru»

Mis ojos también gritaban: «Te amo»

Te fuiste con una sonrisa.

Q.M.

El recipiente (Reflexiones)

A Eusebio Simplón, «respirar» no era exactamente lo que le disgustaba. Vamos a analizar la cuestión:

 A Eusebio, lo que le molestaba sobremanera, incluso llegaba a odiar, era expulsar el aire, la espiración. Se negaba con vehemencia, no quería,  aunque se le inflasen los mofletes con riesgo  de estallar, se le enrojeciera la cara hasta parecer un tomate y los ojos amenazaran con salirse de las órbitas.  En cambio, tomar aire, la inspiración le encantaba, le hacía sentirse feliz.

Inevitable elección que la mente no determina y el cuerpo decide, vivir es la opción. Para saber lo que es peor o mejor, para conocer lo que nos conviene no tenemos tino, afortunadamente el devenir ya está escrito y enrollado en un pergamino.

 «¡Qué mala suerte! ¿Por qué tenía que pasarme esto? No me lo merezco. La vida me trata injustamente. Tengo la esperanza de que las cosas cambien  —y supuestamente vayan a mejor—…».

La esperanza son fuegos de artificio en una noche sin luna. Es un pensamiento,  una forma encubierta de no aceptar nuestra realidad, la única que tenemos siempre delante.  Las heridas y  las satisfacciones que nos ha dejado la vida son justamente las que hemos necesitado para vivir y llegar a ser lo que somos.  Solo podemos ser la manifestación de nosotros mismos, hablar desde nuestra propia experiencia. No nos sirve copiar o repetir lo que dijeron otros,  no nos alimenta lo que digieren otras gentes sino lo que masticamos nosotros. Somos inimitables  y insustituibles, una expresión única. Nuestra vida es nuestro destino, es una misma cosa, las páginas escritas de un libro cerrado que cada uno lee a su ritmo.

Aparentemente todos los días son iguales, con un poco de observación te das cuenta de que, en realidad cada día es único,  un pequeño prodigio de la vida, una grandiosa creación. La mayoría de la gente asocia lo que llaman el Big Bang, con un acontecimiento espectacular, ocurrido hace millones de años, en el que intervinieron los grandes protagonistas del cosmos: galaxias, nebulosas, planetas, estrellas, gases, espacio…y no nos damos cuenta de que el big bang no es un acontecimiento que ocurrió una vez, sino que es un proceso continuo, nunca interrumpido, creación y destrucción, el día y la  noche, la vigilia y  el sueño, inspiro, espiro…el látido del mundo es  big bang y resuena en todo lo que vemos y experimentamos, ya que somos el contenedor (y el contenido), el espacio, donde todo tiene lugar.

 El mosquito que vive dos días también experimenta el big bang; de igual manera, cada una de nuestras células se manifiesta, expande, crece, se contrae y desaparece. La manzana ya está en el manzano aún antes de que salga la flor, esta sea polinizada y aparezca el fruto. En la semilla del interior de la manzana, millones de células y procesos están dando forma a nuevos universos, a nuevos árboles que al igual que un fractal generaran nuevas cosechas de manzanas, y estas de semillas, y así infinitamente. Esperan para nacer, manifestarse y ser, pero de alguna manera ya están ahí, desde hace muchísimo tiempo, nunca han dejado de estar. Algunos lo llaman Eternidad.

Retomemos el concepto: la esperanza. ¿Para qué queremos la esperanza? ¿Para qué queremos elegir lo que consideramos que nos merecemos? No somos tan listos, aunque sí algo arrogantes ¿sabemos lo que nos conviene? La vida que tenemos es un poco lo opuesto a la esperanza, ya que es real. Nuestra existencia es conciencia de cada instante. No hay más.   ¿Por qué vamos a elegir o discriminar entre esto y aquello? No hay necesidad de elegir una parte. Todo cuanto acontece, todo cuanto sentimos y pensamos, todos los objetos, todas las personas, todo,  absolutamente Todo, ten la certeza, es el  inmenso regalo que hemos recibido/somos.

No tenemos necesidad de ir al océano con un cubo para coger agua y refrescarnos. El mar no es tacaño, es total ofrecimiento,  depende de cada individuo   la cantidad de líquido que podemos  tomar.

 Al principio solemos pensar que, a más cantidad de agua tomemos mejor, más conocimiento,  pero no es así…a más cantidad de agua tomamos más crece el ego. El ego es el recipiente insaciable, la infelicidad. No necesitamos ningún recipiente, ni acumular información, únicamente desprendernos de la ropa y sumergirnos dentro del mar. En ese momento, sin pretenderlo, todo conocimiento se desvanece  y el agua deviene certeza.

ROJO

Es un color vinculado a muchas manifestaciones humanas, poéticamente sinónimo y metáfora de:  

Alegría, su emoción, su manifestación externa: la sonrisa. También la felicidad.

Amor, su atributo es su propio nombre, la bondad su expresión. Altruismo, comunión.

Conciencia, la residencia del espíritu. Los ojos son su espejo.

Corazón, morada física de la Conciencia. Moviliza la sangre.

Fuego, la expansión y plenitud de la vida.

Ira, es más bien verde, de carácter explosivo y prende la llama, roja.

Madurez, la época de cosechar los dorados frutos de la juventud.

Manos, dan, curan, acarician, expresan sin palabras las emociones que el corazón siente.

Pasión,  hace arder la sangre y las emociones. Eleva el espíritu. No confundir con solo sexo.

Peligro, como contraposición a perder lo que contiene esta lista, la vida.

Poder, más caro que el oro, el púrpura, el color de los reyes y nobles, representa el poder absoluto.

Sangre, sinónimo de vida, lo más valioso. De ahí… los sacrificios.

Sexo, estar caliente. Instinto natural.

Sol, máxima expansión del día y la luz. Calor, ardiente.

Verano, la época del año en que este color vibra más intensamente.

Estamos a punto de celebrar de forma festiva el solsticio de verano,  aunque se produjo realmente hace un par de días. Entramos de lleno en el rojo. ¡FELIZ VERANO!

 Hay grandes poetas visuales, uno de ellos es Zhang Yimou, el director de cine chino. Nadie como él en el manejo de los colores y su lenguaje secreto. Cada una de sus películas es un universo cromático donde cada tono crea una atmósfera, te transporta a otros estados de ánimo y desde luego te nutre y revive, pues en innumerables ocasiones  da la sensación de utilizar colores que habías olvidado que existían.  Es similar a lo que pasa con el cielo y las estrellas ¿Cuándo fue la última vez que alzaste la cabeza para mirarlas? Algunos incluso habrán olvidado su existencia.

«Brillan por ti, allá en lo alto» Abba.

La imagen es de la película Hero (2002), de Zhang Yimou. Por cierto, me recuerda, por el colorido, a la bellísima creación de nuestra amiga y compañera bloguera Giada, en:

Boiler Summer Cup: cuando el idiota es un idiota (muy probablemente como su padre).

Tremendo, para reflexionar.
¿Dónde queda el respeto?

Masticadores

By Giusy Di Maio (blog Italia) Traductor Quirico Molina (blog)

La profundización de hoy me duele.

Me duele como mujer que también trabajo — sobre todo— con niños y adolescentes, tomar nota del enésimo reto, muy peligroso, que debería comenzar el 21 de junio pero en realidad ya está en marcha; pero vayamos por orden.

¿Qué es el reto de la Boiler Summer Cup?

Boiler : calentador de agua/caldera , término utilizado en este caso para indicar niñas, muchachas, mujeres, supuestamente con sobrepeso.

El desafío al que aquí también se han lanzado jóvenes —presuntos—- hombres, consiste en ir a la discoteca o locales de ocio, localizar «chicas gordas» y hacer video/foto (básicamente sin su conocimiento) o bien fingir ligárselas siempre con la finalidadde tomar alguna foto / video, que luego se publicará en línea.

¿Y entonces?

Ocurre que en base al peso presunto de la joven, se da una…

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EN EL TIEMPO DE LA SOMBRA by Quirico Molina 

Pequeña colaboración en Masticadores México.

MasticadoresMéxico // Editora: Scarlet Cabrera

Photo by Yender Fonseca on Pexels.com

La Sombra. Volviendo atrás en el tiempo  ¿En qué momento aparece?

Borrando las huellas de los recuerdos felices de la infancia, dejamos de ser niños.

Retrocedamos un poco más.

Todo objeto, toda persona, todo lugar conocido ha desaparecido. Todo ha devenido una nebulosa sin forma.

Los rastros de vida se han vuelto invisibles. Silencio abrumador de criaturas sin manifestar,  no han salido de la noche, aún no han sido expuestas a la luz. Los rostros no tienen rasgos, miméticos y oscuros troqueles cómo la inmensidad negrísima que los envuelve.

La propia presencia ha perdido sus límites, fundida en la Sombra.

No tenemos forma, ni ubicación, la negritud no nos disuelve. ¿Acaso no somos la misma oscuridad ilimitada? ¿La contenemos a ella o ella nos contiene a nosotros?

Somos. En todas las direcciones que buscamos nos encontramos.

No tenemos cuerpo, ni rostro, ni sexo…

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LA MÁSCARA by Q. Molina

Una pequeña colaboración en https://masticadores.com/
Gracias a los adelantos tecnológicos, escuchando simultáneamente a dos grandes: Enrique y Fito. Una gozada. 🙂

Masticadores

Teresa recuerda que caminaban cogidos de la mano en silencio, con la devoción y el enamoramiento de sus catorce años. De repente, Ignacio se detuvo frente a un abedul, hurgó en un bolsillo y extrajo la navajilla de buscar setas; cortó un rectángulo perfecto en la corteza nívea del árbol y la desprendió con cuidado. Se giró de espaldas para que ella no viera lo que hacía —le encantaba sorprender— y tras unos minutos en los que solo veía gesticular sus brazos, se volvió.

—Ten, es para ti —alargó la mano y le tendió el objeto.

Era una máscara tosca, pero bien ejecutada. Había recortado las cuatro esquinas hasta darles una forma elíptica, cortó dos orificios almendrados para los ojos y otro con forma triangular para alojar la nariz. No tenía boca.

—Decían los antiguos celtas que el abedul es un árbol sagrado; el color blanco de su tronco destaca…

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Una hoja de hierba, una piedra tatuada

Lithops – Foto Q.M.

Una hoja de hierba

Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.

Descubro que en mí,
se incorporaron, el gneis y el carbón,
el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.
Que estoy estucado totalmente
con los cuadrúpedos y los pájaros,
que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
y que puedo hacerlo volver atrás,
y hacia mí, cuando quiera.

(Walt Whitman)

En ocasiones,  un atisbo de realidad —rayo de luz— perfora el denso banco de nubes que son nuestros pensamientos. Los cuales surcan los cielos de nuestra conciencia, cómo rebaños perdidos, sin más trascendencia que su presencia nómada y efímera.  No es que las nubes las hayamos creado nosotros, ni mucho menos, no son una creación sino un efluvio, un acontecer…tampoco son un obstáculo ni un problema a evitar, cómo ejemplo la famosa creencia de que hay que «acallar la mente» para «encontrarnos a nosotros mismos». El intelecto, el entendimiento, no es enemigo, los pensamientos son niños inocentes y juguetones, aunque solo los revoltosos, los más escandalosos, nos perturban y captan más nuestra atención. La conciencia es la gran marmita, la olla de la emanación donde hierven los pensamientos, las ideas. Continuamente en ebullición, no puede parar de manifestar, cada  burbujeo, cada pompa crece hasta estallar y libera una sorpresa inesperada ¿Qué será lo que pensaré de aquí a un minuto? ¿Qué surgirá, será un pensamiento  denso, triste, evanescente, deshilachado, alegre? Incluso puede suceder que no nos guste lo que aparece ¡Qué paradoja! Ni siquiera puedo pensar lo que quiero con «mi mente». No es una cuestión de preferencias, tampoco responde a nuestra intencionalidad o voluntad, es una manifestación libre cómo las formas que adoptan las nubes en el cielo ¿quién las diseña? Pero entonces ocurre un fenómeno curioso, al hacernos consciente del pensamiento,  la mente o ego (siempre unas fracciones de segundo más tarde) se atribuye la autoría del mismo, y decimos: «Acabo de pensar esto y aquello», «se me ha ocurrido…».

Todo lo que llamamos conocimiento del mundo, nos lo han enseñado y lo hemos adquirido a través de un lenguaje aprendido, las palabras. Las palabras no sustituyen a la   realidad nunca, pero son un trampantojo muy bien creado, un relato creíble pero no verídico, parece que sabemos, y a veces confundimos el parece que sabemos como si fuéramos lo  que parece que somos. La existencia solo puede ser experimentada no pensada. Podemos hablar de todo sin haber experimentado la mayor parte de lo que nombramos. Podemos existir en un mundo construido de palabras, un mundo imaginario que continuamente está siendo creado y destruido, un mundo donde no hay sensación, ni experiencia directa de la verdad. Podemos hablar de las galaxias, constelaciones a millones de años luz, atmósfera de Júpiter y Saturno, distancias estelares…podemos hablar de la infinitud que conceptualizamos, pero la auténtica y única certeza es que nuestro universo conocido, mal que nos pese, son las cuatro calles que diariamente recorremos para ir al trabajo o realizar nuestras actividades cotidianas. Y es dentro de esa existencia en la que nos movemos y a menudo no aceptamos —nos gustaría que fuese otra— donde viajamos con la mente a todo ese mundo de conocimiento que nos parece tan interesante y lleno de tantas maravillas lejanas e inaccesibles. Un mundo donde la esperanza es una promesa irrealizable que nos hacemos, una promesa «me lo merezco» que esconde la no aceptación de la realidad actual, cómo si la vida nos debiera algo, una felicidad muy buena, todavía por llegar.

Las maravillas lejanas no son sino un reflejo de todo lo que nos rodea cuando prestamos atención, no a lo que pensamos, sino a lo que sentimos, a las sensaciones, aquello que los sentidos captan, y estamos percibiendo  continuamente…dejamos de pensar acerca de y nos convertimos en sensación plena. Nos conmueve un poema hasta emocionarnos incluso antes de haberlo comprendido, una canción nos llega al alma, está en camerunés (no importa), la melodía, la sensación surge antes de que el pensamiento «no entiendo la letra» aparezca. Ese pensamiento intruso, maleducado y con afán de notoriedad que lo único que busca es sentirse ser, ser algo a toda costa, no es más que vaho, puede empañar brevemente y se desvanece.

Nos gusta escribir sobre temas majestuosos, solemnes, trascendentes, amor, paraísos, infiernos, inmensidades de los cielos, océanos, desiertos, bosques…sí, está bien…lo somos, todo ello…pero también hay más, infinitamente más, si miramos lo que tenemos justo delante….y también lo somos, ya en este preciso instante. Es una puerta batiente que se abre hacia los dos lados. Nos gusta llamarlos interior y exterior, dentro y fuera, material y espiritual, positivo y negativo, físico y mental, alma y psique, vacío y plenitud, conciencia y ego, realidad y irrealidad, virtud y pecado, razón y fantasía, pasado y futuro, cielo e infierno…todo nos nombra, nada nos define. Toda definición que asumamos nos encerrará en la jaula que construiremos…No hay puertas. Deja la vida libre.  

¿Amor imposible?

….

―Soy su cuidador preferido, me adora ―fueron sus palabras.

Tenía razón, el lenguaje corporal era tan expresivo que no había lugar a dudas. Se atraían mutuamente, saltaba a la vista. Recuerdo que un atardecer, al acabar la jornada, me acerqué para despedirme, sabedor de dónde buscarlo, y los encontré cogidos de la mano. Al oír mis pasos, se sobresaltaron e interrumpieron el contacto.

―No hacemos nada malo ―dijo con un tono entre ofendido y avergonzado, como un adolescente pillado “in fraganti”.

 ―No te estoy acusando de nada, no te preocupes, solo venía a saludar ―le respondí, sin haber asimilado aún lo que acababa de ver. No era el hecho de cogerse las manos, cosa habitual entre primates y sus cuidadores, sino que Pedro había sonrojado visiblemente y ella bajó la cabeza sin mirarme.

 A raíz de mi insistencia sobre la necesidad de tomarse un descanso en el trabajo, de desconectar para restablecer su salud emocional, notoriamente afectada, me dijo:

―Los sentidos en general y los sentimientos en particular, así como el deseo, son más antiguos que la inteligencia. Son la fuerza de la vida en estado puro y primigenio, antes de la paralización del conocimiento, propio de los hombres, de lo que su mente considera y cree correcto y verdadero. Estoy dejando de juzgar lo correcto e incorrecto, lo moral o inmoral en mi actitud. Simplemente estoy aprendiendo a vivir en un mundo anterior a todo lo concebido por la mente humana. Yo diría que el paraíso, antes de que los hombres y sus dioses diferenciasen entre el bien y el mal. Makiki y los suyos nunca salieron de él. ¿Entiendes?

Después de aquella conversación, que me dejó mudo, cavilando en silencio, sobre los misterios que encierra la vida y la mente, no volví a hablar con él, ni lo vi de nuevo hasta el día que lo encontré muerto.

Lo saqué de la jaula y coloqué su cuerpo al lado de la escalera fingiendo una caída fortuita. Quería saber la verdad de lo ocurrido pese a la tristeza que me inundaba y, para ello, debía protegerla. Intuía que ella tenía la respuesta. Las gotas de lluvia arreciaron, las nubes parturientas abrieron su vientre dando paso al diluvio anunciado. Los relámpagos iluminaban la escena dibujando mi sombra erguida en el suelo junto a su cuerpo roto. Los truenos ahogaban mi llanto y las lágrimas se fundieron con la lluvia. Un lamentable accidente, fractura de cuello al caer, certificaron las autoridades. Nadie sospechó lo ocurrido.

Dos días después recogía sus papeles y objetos personales de su mesa de trabajo. Encontré la libreta roja… La ojeé por encima. Era un diario de campo sobre sus experiencias con Makiki. Anotaciones, datos temporales, nutricionales, los progresos realizados, etc. Había escrito mucho, pero solo en las dos últimas páginas, había unas frases sueltas que salían de lo estrictamente profesional. Nunca las olvidé:

“…es un amor demasiado perfecto, pero irrealizable para unos cuerpos que se rebelan a la posibilidad del mismo. Los condicionamientos de una y otra especie nos separan.

…atravesando la barrera insalvable de ser especies diferentes, burlando la genética, los cromosomas, las leyes de Darwin, todo lo conocido… más allá de las formas corporales y las diferencias, una misma y única realidad… paraíso perdido.”

Una semana después del entierro, me encontraba frente a la jaula de Makiki.

Iba languideciendo lentamente, no comía ni respondía a ningún tratamiento. Decían los etólogos que sufría una depresión severa debida a una inadaptación a la vida en cautividad. Apenas se percibía el aroma de las madreselvas; el olor acre a pena y desesperación se respiraban en su lugar hasta hacerse lacerantes. Había acudido acompañado de un instructor de una fundación benéfica para sordomudos.

―¿Qué ha pasado, Makiki? ―fue mi pregunta que el intérprete tradujo mediante gestos hábiles de sus manos.

Una chispita ardió en aquellos ojos apagados al reconocerme. Incorporándose, sentada contra la pared, movió sus dedos de manera lenta pero precisa. El intérprete traducía, mientras la estupefacción dibujaba en su cara extrañas muecas, fascinado ante el mensaje codificado que pasaba por los dedos de la gorila, y dijo:

―Mucho daño.

―¿Por eso lo mataste? ―le pregunté.

El traductor enrojeció ostensiblemente, unas gotas de sudor descendían a lo largo de su cara. No levantaba la vista más que lo imprescindible. Tradujo la pregunta y la respuesta de ella fue:

― Él, pedir. No daño, querer.

―Lo que me faltaba ―grité, mientras golpeaba en un gesto de impotencia y rabia los ásperos y fríos barrotes de la jaula―. Debí haberlo visto antes.

El intérprete dio un respingo, pero ella ni se inmutó. Comprendí la verdad al sumergirme en las profundidades de aquellos ojos que me miraban, cielos nocturnos donde una alegría extraña palpitaba. Luego, reclinándose y encogiéndose sobre sí misma, cerró los ojos.

Makiki murió aquella misma noche.

From pexels by the world hopper

El fragmento, es de uno de mis primeros relatos: Makiki. Triste, tierno, trágico, transgresor, pero solo «un petit peu».